Sobre mí

Txell Prat Danzaterapeuta

Txell Prat

Psicoterapeuta a través de la danza, formadora y fundadora de Danza Interior

  • Máster en Danza Movimiento Terapia (DMT) por el departamento de Psicología de la Salud de la Universidad Autónoma de Barcelona (2003-2006)
  • Facilitadora de Movimiento Auténtico, el enfoque junguiano de la danzaterapia (desde 2006, practicante desde 2003).
  • Danzaterapeuta certificada del método de danza terapéutica Danza de la Vida
  • En formación en Psicología Integrativa en el programa SAT.
  • Fundadora de Danza Interior en el año 2004.
  • Colaboradora como formadora en el Institut Gestalt de Barcelona, en el Curso de Introducción a la Danza Movimiento Terapia de la Universidad Autónoma de Barcelona y en varios diplomados de danzaterapia, arteterapia, psicoterapia corporal y facilitación de grupos en Latinoamérica.
  • Miembro Titular Registrado de la Asociación Española de Danza Movimiento Terapia (ADMTE)

Si te gustan los currículums clásicos, consulta mi CV completo, donde encontrarás más detalles sobre mi formación y experiencia.

Soy Txell Prat. Soy danzaterapeuta y ayudo a personas a conocerse mejor, desestancarse a nivel vital, resolver sus conflictos internos y reconectar profundamente consigo mismas y con su creatividad para que puedan desarrollar todo su potencial, abordándolo a través de la conexión cuerpo-mente.

Lo más curioso es que antes nunca me había considerado una persona creativa, y mucho menos una persona dotada para la danza.

Cuando descubrí la danza trabajaba como traductora y, a decir verdad, me sentía muy perdida. Sentía que mi vida estaba muy vacía a pesar de que todo a mi alrededor parecía andar bien. Tenía la sensación de que necesitaba acceder a un lugar más profundo de mi misma, pero no sabía cómo, y tenía dificultades para expresar mis emociones y mi mundo interior, con los que me costaba contactar y que apenas yo misma comprendía. La danza desbloqueó todo eso.

De repente me encontré con un medio para explorarme que me permitía canalizar mis emociones y sentimientos, además de reconocer y expresar mis conflictos internos. Que mi danza resultara bonita o no, simplemente no era relevante. Lo más importante para mí eran los lugares internos a los que me permitía acceder.

Todavía recuerdo mi primera clase de danza. Fue con la bailarina Loreto San Juan en la sala de una pequeña escuela de teatro de Barcelona y, a pesar de la tenue iluminación, terminé danzando en la esquina más oscura y alejada de la sala, de cara a la pared. Me arrastró a esa esquina la timidez, pero al poco rato me quedé fascinada al descubrir mi propio cuerpo entregado a su propia danza, a su propia expresión, en un encuentro conmigo misma en que mente, emoción y cuerpo estaban completamente unidos.

Los años de danza con Loreto cambiarían mi vida y mi camino radicalmente. No solo me transformaron personalmente, sino que me llevaron a usar la danza como terapia para ayudar a otras personas.

Exploré otras clases de danza no coreografiadas, en un anhelo de conectar con mi propia danza. Pronto me di cuenta de que estaba danzando mi propia vida y que la danza me estaba sanando. Incluso las expresiones más dolorosas de mi alma cobraban para mí una belleza inexpresable cuando las danzaba, una belleza redentora que me permitía aceptar incluso lo más oscuro y verlo desde una nueva perspectiva. Así que inicié una búsqueda: ¿podía la danza usarse como terapia?

A raíz de esa búsqueda descubrí el Movimiento Auténtico, una técnica de movimiento espontáneo con ojos cerrados que tiene sus orígenes en la psicología de Carl. G Jung. Fue amor a primera vista y me sumergí de lleno en esta práctica.

En ese proceso de búsqueda me di cuenta de que efectivamente quería ayudar a otros a través de la danza, quería llevarles a los lugares internos a los que necesitaban ir y ayudarles a resolver sus conflictos con este arte fascinante. 

De forma muy sincrónica, en 2003, se abrió un Máster en Danza Movimiento Terapia en la Universidad Autónoma de Barcelona, como especialización de psicoterapia a través de la danza. ¡No me lo pensé dos veces! Esa formación me ayudó a comprender por qué funcionaba lo que había descubierto intuitivamente y me proporcionó una base sólida y una estructura para desarrollar mi futuro trabajo y mi propio método: Danza Interior.

Mi búsqueda ha seguido, nutriéndome constantemente de nuevos enfoques creativos, energéticos, meditativos y terapéuticos que potencien mi método.

La danza ha sido siempre un apoyo importante para mí en tiempos difíciles. La danza africana me mantuvo en contacto con la vida y arraigada a la tierra después de una separación muy dolorosa. La danza del vientre me ayudó a despertar mi feminidad latente. La danza hindú me enseñó a rezar a través del movimiento. La improvisación, entre otras cosas, me abrió los ojos a las infinitas posibilidades que la vida y las relaciones tienen que ofrecer, a manejarme con la incertidumbre y a la necesidad de trabajar de forma creativa con las dificultades y obstáculos para ser capaz de materializar los sueños.

Pero la ocasión en que la danza me ha ayudado más en la vida fue cuando en 2011 me diagnosticaron artritis reumatoide, una enfermedad grave muy dolorosa. Intuitivamente, empecé a danzar mis síntomas físicos y a lo largo de un año y medio de proceso finalmente creé un solo de danza que mostré al público en 2013. La experiencia de danzar mis síntomas y de mostrar abiertamente las partes más oscuras y vulnerables de mí ante un público fue tan transformadora que revitalizó Danza Interior y me inspiró para desarrollar un método para ayudar a otras personas con enfermedades físicas a través de la danzaterapia, al que llamé La enfermedad como proceso creativo. El objetivo no es tanto librarse de la enfermedad como transformar la relación con ella, iniciar un diálogo con ella, con el cuerpo, con sus síntomas… y ver lo que quieren y necesitan de nosotros.

A pesar de que la mayoría de asistentes a mis talleres son personas sin experiencia en danza, y mucho menos danza profesional, he tenido el privilegio de ver en mis sesiones y talleres más belleza que en cualquier escenario. He visto maravillas: he visto lágrimas convertirse en ríos que traen nueva vida. He visto la energía del cielo y la de la tierra encontrarse amorosamente en el corazón de un árbol. He visto a participantes abrazar sus sombras y reempoderarse. He visto conflictos entre personas convertirse en danzas armoniosas y juguetonas repletas de belleza y empatía. He visto la parte más fiera de una persona mostrar su vulnerabilidad. He visto a alguien volar con los pies firmemente arraigados a la tierra… Pero, sobre todo, he visto a la gente hacer cambios positivos en su vida al salir de ellos. 

El espacio de Danza Interior es un espacio creativo en que todo es posible… especialmente el encuentro con uno mismo y la sanación profunda.